Hierbas aromatizando los aires, frutos maduros acompañando las veredas.

El padre sol aún no entrega sus rayos majestuosos, la madre tierra se prepara para recibir nuevas semillas, otoño, tiempo de preparación. Los pequeños espacios rurales de la ciudad se alegran al recibir a nuevos/as horticultores/as dispuestos/as a danzar con la luna, con el agua.
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domingo, 4 de mayo de 2014


La Chacra Valparaíso se sumerge lentamente en el otoño, unos porotos han dado un par de semillas, pese al rigor de la sequía del verano. También unos tomates calleucanos han cuajado rojos. Con un sabor ácido, terminando en dulce, como la esencia del campo en la ciudad. 

Debajo de las hojas del damasco, un montón de tierra de hojas se hace con los restos de los alimentos vegetales que algunos vecinos llevan desde sus casas. 

La huerta ha ido quedando sola, con las hierbas espigando en lo alto, llenas de semillas. Muchos ojos no logran identificar qué les pasa a las plantas, algunos dirán que se se trata de un jardín abandonado. 

Estamos esperando a las primeras lluvias, dirán los oréganos en cogollo, los toronjiles dulces, huacatay y ajenjo. La milenrama se ha convertido en miles de semillas, todas contentas al bajar las temperaturas. El sol ha estado presente por mucho tiempo, además de las luces de la noche en la vereda. Las primeras lluvias se hacen esperar, pero cuando la tierra se humedece, se oyen las risas de los seres de la huerta. 

Cultivando en la ciudad, hemos sido el primer impulso, las manos de amigos, amigas. hijos, hijas. Hemos sido solo un impulso inicial, para comenzar a crear un ecosistema. 
Hojas, tallos, flores y semillas envueltas en una atmósfera de amor. 






En el corazón de Ñuñoa, una huerta agradecida del sol deja caer sus semillas. El agua celestial ha caído de a poco, la tierra inquieta sigue manteniendo las hierbas y hortalizas. Nutriendo los paisajes en el parque. La belleza se encuentra entre las acelgas con sus estrellas secas, listas para volver a nacer en el suelo. 




lunes, 20 de junio de 2011

Extrañas instalaciones


Las hierbas nos cuentan antiguas historias, de cuando sabíamos sus nombres y reconocíamos sus aromas. En medio de la familia nuclear aprendíamos a curarnos con las virtudes que cientos de plantas que nos han acompañado desde siempre. ¿Qué ocurre hoy con nuestras formas de curarnos?¿Dónde crece lo que como?

domingo, 28 de noviembre de 2010

Huerta se okupa del pasaje



Tras del muro, una huertita pequeña y angosta viene a acompañar el paso de sus habitantes. Las flores de las papas comienzan a aparecer y los choclos explotan uno tras otro aprovechando los rayos del sol. La vida se expresa y rompe el pavimento. Tal como el Aromo nacido en una piedra, que cantara don Atahualpa Yupanqui.

lunes, 18 de enero de 2010

"Mujer y naturaleza" Por Sofía Arrebol


[1]

De este modo, para los griegos Demeter, fue la diosa de la agricultura y en un nivel más global Gaia, representaba a la tierra. En cuanto al mundo precolombino, para los pueblos andinos, la madre tierra se denominó como Pachamama (de pacha, ‘tiempo’ o ‘época’, y mama, ‘madre’, en lengua quechua). A su vez los aztecas conocían a la diosa tierra como Coatlicue (‘la de la falda de serpientes’ en náhuatl), ñuke mapu (‘madre tierra’), entre nuestra tradición mapuche. Por citar algunos ejemplos de cómo existe un cierto grado de universalidad, en temas que vinculan la figura femenina a la naturaleza. De algún modo explicativo, estas representaciones se han atribuido a algunas características propias de la mujer, como es el caso de engendrar hijos/as y con ello representar la fertilidad, vinculado a la capacidad que posee la tierra para generar vida a través de los recursos que brinda al ser humano: “el lazo que ciertas mujeres sienten con la Naturaleza tiene su origen en sus responsabilidades de género en la economía familiar. Piensan holísticamente y en términos de interacción y prioridad comunitaria por la realidad material en la que se hallan. No son las características afectivas o cognitivas propias de su sexo sino su interacción con el medio ambiente (cuidado del huerto, recogida de leña) lo que favorece su conciencia ecológica. La interacción con el medio ambiente y la correspondiente sensibilidad o falta de sensibilidad ecologista generada por ésta dependen de la división sexual del trabajo y de la distribución del poder y de la propiedad según las divisiones de clase, género, raza y casta.” (Agarvall:2001), desde ese punto de vista, la relación de cercanía entre la naturaleza y la mujer, en mayor grado que aquella establecida entre los hombres, se construiría desde las actividades desarrolladas por ellas en un contexto de vida familiar, ámbito privado, en que éstas deben o debían aportar a la economía doméstica. El trabajo en la huerta, la preocupación por las plantas medicinales, según este enfoque, serían roles destinados en mayor medida a las mujeres, quienes a lo largo de la historia habrían desarrollado un vínculo más profundo con el medio, a través de las figuras de la recolección, el pastoreo, entre otras actividades consideradas menos agresivas con el medio ambiente. Es por esto, que las explicaciones de índole biológica, que hablaban de que la capacidad de las mujeres para gestar y crear vida las llevaría a desarrollar una posición más próxima a la naturaleza y, por ende, les permitiría identificarse más profundamente con ella, sumado al carácter “emocional” de las mujeres en sintonía con lo indómito y salvaje de la naturaleza.

Asimismo, los hombres estarían guiados en mayor medida por la razón, reflejado en el hecho de poseer el interés de transformar la naturaleza a través de los medios que le puede brindar la cultura, muchos de los cuales han llevado al mundo a una crisis ecológica, ante la cual, mujeres pro ecofeminismo han reaccionado como modo de visibilizar las formas de patriarcado al cual han estado sometidas, junto a la misma opresión de la naturaleza.

Es por esto, que ecofeminismo o feminismo ecologista plantea algunas opciones ante una denominada crisis social, como reflejo de un sistema acumulativo y opresivo, a través de los pensamientos críticos del feminismo por un lado y del ecologismo, por otro. Esta corriente apela a una autoconciencia como especie humana, en el sentido de establecer relaciones más horizontales entre hombres-mujeres y cultura-naturaleza. Para la investigadora, Teresa Flores Bedregal[2] “El ecofeminismo constituye una de las corrientes más innovadoras del pensamiento feminista contemporáneo cuyos aportes tanto a la teoría feminista como a la práctica ambientalista han sido significativos. El ecofeminismo no representa un pensamiento filosófico unificado ni menos terminado, sino que tiene tantas vertientes como representantes en todas partes del mundo [...]”, del mismo modo, destaca que para comprender las relaciones sociales hombre-mujer y cultura-naturaleza, no es suficiente orientarlas desde el análisis económico, como muchas teorías lo han hecho en una especie de ataque contra el modelo de desarrollo de opresión y explotación, puesto que éstas han olvidado la dependencia que las actividades productivas guardan con los recursos naturales. Sin embargo “[...] ante la actual escasez de varios de estos recursos y con la crisis ambiental que hemos creado debido a sistemas de producción y consumo depredadores, estos factores deben considerarse como parte estructural de los procesos sociales. En este contexto la visión holística del ecofeminismo y la articulación de los nuevos enfoques dentro de los varios planos de análisis, resulta de capital importancia para comprender los condicionantes involucrados en las relaciones de género y a dónde debiera apuntar la tercera ola del feminismo” (Ibid)

En este sentido es que vinculo los planteamientos ecofeministas con los postulados de una nueva visión del desarrollo, redefinido desde la sustentabilidad que este modelo carece. Para la autora Rayén Quiroga[3], el surgimiento de una especie de economía socioecológica, no considerada desde una rama de la economía convencional, se trataría de “[...] una transdisciplina científica emergente que reconoce límites ecológicos al crecimiento económico y que se ocupa de estudiar y manejar el problema de la sustentabilidad. Este nuevo campo de conocimiento pretende generar un diálogo entre la economía y la ecología, desde un nuevo paradigma científico, construyendo un sistema conceptual e instrumental propio. Así, trasciende los avances recientes de la economía ambiental y de recursos naturales, que desde el pensamiento y los métodos económicos, se han ocupado de "incorporar" variables ambientales, sin hacerse cargo de la discusión del sustrato cultural, ético y estilístico que configura una determinada opción de desarrollo.”

De este modo, una alternativa de desarrollo sustentable en profunda sintonía con el trabajo productivo atribuido, en mayor medida, a las mujeres, es aquel que se relaciona con la visión de una huerta orgánica. La cual en sus principios esenciales considera el equilibrio ecológico, a través de una agricultura que no demanda el uso de elementos externos a la naturaleza para generar mayor cantidad de producción , sino que es capaz de establecer una relación de existencia armónica entre las especies que habitan en su ambiente próximo. En este sentido, el trabajo femenino desarrollado en este lugar, presenta muchos elementos desarrollados anteriormente, los cuales desde los principios del ecofeminismo, arrojan múltiples luces para interpretar cuáles son las construcciones culturales que asocian a las mujeres a esta ya citada cercanía con la naturaleza.


[1] Viola, A. (comp.): “Antropología del Desarrollo; Teoría y estudios etnográficos en América Latina”; PAIDOS, Barcelona, 2000.

[2]Flores Bedregal Teresa; PRIMERA BOLETINA FEMINISTA: Lanzamiento oficial: 26 de agosto del 2001, San José de Costa Rica

[3] Quiroga, Rayén: Para forjar sociedades sustentables, en revista POLIS, Ediciones U. Bolivariana, Santiago, 2000.

domingo, 20 de diciembre de 2009

(Des) encuentros con otros/as



“En este libro vamos a encontrar al trobriandés esencial. Comoquiera que pueda aparecer ante los demás, a sí mismo se considera primeramente y ante todo un horticultor. Su pasión por la tierra es la propia de un verdadero campesino. Experimenta una misteriosa alegría en cavar la tierra, removerla, plantar las semillas, ver crecer las plantas, verlas luego madurar y finalmente recoger la cosecha. Si se le quiere conocer hay que verlo en el marco de su huerto de ñames, entre sus palmerales, o en sus campos de taro. Hay que verlo cavando la tierra negra o parda, entre las blancas excrecencias de coral muerto, y construyendo la cerca que rodea a su huerto con un ‘muro mágico’, que al principio brilla como el oro en medio del verdor de las nuevas plantas, y luego aparece broncíneo y gris bajo las ricas guirnaldas de las hojas de ñames” (Malinowski, 1935: 19).



martes, 17 de noviembre de 2009